Historia del Olivo

Nuestras instalaciones se encuentran junto a La Vía Augusta fue la calzada más larga de toda la antigua Hispania, con un recorrido de unos 1.500 kilómetros desde los Pirineos, bordeando el mar Mediterráneo, hasta Cádiz, al sur de España.

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Vestigios de mansiones, puentes y arcos monumentales como el de Cabanes (Castellón) salen a su paso en un inolvidable viaje, un paisaje típicamente mediterráneo donde los olivos se extienden a ambos lados desde tiempo inmemorable.

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El gran florecimiento del cultivo del olivo, vino aparejado con la expansión de todas las culturas. Fueron los fenicios y  los griegos quienes implantaron su cultivo en la Península Ibérica. Sin embargo, la gran expansión y mejoramiento del cultivo del olivo se debió a los romanos, quienes lo llevaron a todas sus colonias, donde podía desarrollarse.

Las técnicas de cultivo y poda ya están ampliamente documentadas y recogidas magistralmente en los libros de agricultura de Catón. En el imperio romano, el olivo y sus ramas eran símbolos de paz, fertilidad y prosperidad.

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En la época de Al-Ándalus, se expandieron y mejoraron tanto las técnicas de cultivo como las de obtención del aceite; no hay que olvidar que en el oriente Mediterráneo, lugar de donde provenía la cultura árabe, tenían una larga tradición en este sentido. La mezcla cultural tanto agrícola como económica e intelectual dio como resultado la magnífica cultura agraria andalusí.